Naissance des Pieuvres o el nacimiento de los pulpos, es una película que cuenta la historia de tres chicas, de quince años, que en medio de sus entrenamientos de nado sincronizado encontrarán pasiones ocultas que irán acercándolas entre ellas y alejándolas de si mismas en maneras tan íntimas y perversas como sólo un verano en Francia y una excelente fotografía serían capaz de embellecer.
Tengo que admitir que el cine francés gay de arte -o el erotic softporn con causa-protagonizado por chicas menores de edad no es exactamente el tipo de film que me gustaría ver (a la fecha no he tenido oportunidad), sin embargo la música hecha exprofeso para esta proyección ha cambiado definitivamente mi perspectiva.
Para One, quien ya nos interesara con el experimental y energético Epiphanie, ha recreado en maravilloso downtempo lo que parecen ser emociones realmente intensas que a la vez se aprecian ensoñadoras. La música que aquí encontramos es tal cual una pista de audio para la película y aún sin verla jamás parece hablarnos -en el lenguaje del microhouse- de una historia de miedo, confusión, anhelo y pasión.
Empieza este bello disco con Naissance Des Pieuvres, pequeño intro que con teclados, vientos y ecos recrea una entrada mágica, ligeramente empañada de obsesión. Así continúa la reproducción, llevándonos por sombríos pasajes de luz, hasta encontrarnos en Reinassance, que con fríos sintetizadores parece cambiar no sólo el ritmo de nuestra experiencia musical, sino de nuestra trama –hasta el momento- imaginaria.
Poco después aparece una grandiosa Finale, una pieza sorprendente por el manejo de sus tiempos que van en pausado aumento para provocar, con lindos violines, un épico aumento de pulsaciones cardíacas para –tal vez- los personajes, así como para quien escucha, en lo que pareciera ser el primer momento cumbre del guión.
Al penúltimo del disco está Requiem, nombre tétrico de por sí, que nos jala hacia su profundidad por medio de contundentes teclados y siniestros agudos, que incrementan la angustia de un argumento que no conocemos para finalmente difuminarse en un imaginario clímax entre olas de mar y sonidos que crónicamente pierden su fuerza.
Al final está una bonita Blank, que no sólo enmarca lo que supongo son los créditos sino que nos invita con tiernas campanas y sonidos arrancados, envueltos en una tormenta de rayos, a volver a comenzar esta placa desde el principio, una y otra vez.
En resumidas cuentas, una petición que me ha encantado cumplir, una propuesta cinematográfica que debo buscar, un disco para oírse varias veces con los ojos cerrados, una experiencia que, en conjunto, se me antoja a la par de la estética Virgin Suicides, de Sofia Coppola, que fuera musicalizada por Air.























